martes, 4 de noviembre de 2008

CRISIS ES OPORTUNIDAD




La palabra crisis en japonés:

(危機=kiki) se compone de dos caracteres 危=”peligro” y 機=”oportunidad”.


Ellos han buscado el beneficio por sobre los problemas, encontrando que estos planos, lejos de oponerse, se complementan. Quizás, el mejor ejemplo de estas reflexiones se encuentre en su resurgimiento post guerra.

Las crisis Argentinas

Podríamos decir para simplificar el tema, que la historia económica de nuestro país, puede dividirse en 5 períodos entre los cuales se encuentran el anterior a 1880, el período de 1880 a 1930, que se conoce como agro exportador, el de 1930 a 1976 como el de “sustitución de importaciones”, el de 1976 al 2001 conocido como el de “apertura económica”, y el actual post crisis Argentina y con crisis internacional mediante.
De acuerdo a algunos pensadores, nuestra crisis económica del período 1873 – 1876, fue originada por factores externos, y debido a la excesiva dependencia hacia esos mercados. La secuela de la guerra Franco prusiana afectó el comercio internacional retractándose la demanda y golpeando a países industrializados, lo que afectó a su vez a los más pobres por su dependencia en las exportaciones, dando origen a los proyectos proteccionistas, y a la ley de aduanas de 1876.

Idea fuerza “apertura” Idea fuerza “proteccionismo”

A lo largo de estos períodos hemos asistido a cuestiones paradigmáticas y enfrentamientos, como por ejemplo:
q El de los unitarios (más propensos al libre comercio) y federales, y sus diferentes concepciones económicas.
q El de los cambios estructurales como los originados post conquista del desierto, en lo que respecta a la integración de grandes extensiones territoriales ganadas a los aborígenes.
q Los efectos del modelo económico de 1880 con grandes estancias productoras de “exportables” como carne y granos.
q Los lazos con Inglaterra, nuestro principal proveedor e inversor financiero, principalmente en materia de ferrocarriles, el cual facilitó la llegada a puertos exportadores de productos agrarios (Buenos Aires y Rosario Santa Fe).

Idea fuerza “proteccionismo” Idea fuerza "apertura”


q La crisis de 1929 y el crack de la bolsa de Wall Street, y su efecto en nuestras economías, planteando la necesidad de un nuevo modelo económico, producto del cierre de las principales exportaciones y la escases de fuentes de divisas. Otra vez la vuelta de timón hacia el mercado interno, y a la intervención como sistema, trabajando sobre los mercados monetarios, de préstamos, comercio exterior (aranceles – cupos a importaciones) para generar demanda.

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q La llegada de los sesenta, y el desarrollo de las industrias metalmecánicas y petroquímicas para abastecer a la industria liviana local y los conflictos políticos que nos llevan al golpe del 73, y el estallido de la crisis petrolera mundial, lo que nos conduce al cambio de un nuevo modelo económico con “apertura de importaciones y flexibilización de las relaciones laborales.

Idea fuerza “proteccionismo” Idea fuerza ”apertura"


q Los efectos de la nueva apertura, y la generación de endeudamiento externo para financiación, la fijación de pautas cambiarias para el ingreso de los entonces conocidos “capitales golondrinas o especulativos”. Acto seguido, la decadencia industrial y la caída de salarios, la concentración en commodities para la exportación que genera divisas para el pago de los servicios de la deuda y la fuga de los capitales especulativos.

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En estos ciclos sistémicos, no podemos dejar de mencionar dos hitos de la crisis Argentina.
El “Rodrigazo” de 1975, donde el ex ministro de economía de aquella época Celestino Rodrigo, pretendiendo eliminar distorsiones en los precios relativos a través de la devaluación, llevó la tasa de inflación a tres dígitos multiplicando los precios nominales en un 300% , provocando el desabastecimiento en alimentos, combustible y otros insumos.
El efecto Martinez de Hoz, “el inventor de la tablita”, que fue en esencia un sistema de devaluación programada para controlar la demanda de divisas. El efecto sobre el salario real entre el 76 y el 80 y el pedido de créditos internacionales al FMI. La crisis del 77, que surge de la aplicación de la ley de entidades financieras, la cual libera el mercado del dinero y brinda garantía estatal a los depósitos a plazo fijo, lo que impulsa el comienzo de la especulación denominada “bicicleta financiera”. En ese mismo período, las tasas de interés alcanzan el 135% anual, lo que llevó a las empresas a fondearse en el extranjero por el excesivo costo local. Los ecos de esta situación recayeron sobre los tomadores de créditos hipotecarios que sufrieron los efectos de la recordada “circular 1050 del BCRA” que liberó las tasas para dejarlas fluctuar con el mercado, tornando impagables los préstamos.
A todo ello le siguió..
La exposición a los vaivenes de los mercados financieros internacionales y la inflación. Las crisis internacionales de 1998, la fuga de capitales, la recesión y la desocupación, y el crack del sistema bancario del 2001 con el congelamiento de los depósitos y el colapso de la economía. La devaluación y el cese del pago de la deuda externa en el 2002,la sucesión de presidentes (5 en un período no mayor a 3 meses),(De la Rua, Ramón Puerta, Rodriguez Saá, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde), y con posterioridad, el nuevo cambio de la convertibilidad a los mercados regulados, el repunte de los precios de los commodities (soja) y el volver a empezar en medio de una nueva crisis internacional post burbuja.com, hoy, la llamada burbuja inmobiliaria o crisis de las hipotecas subrpime.

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No puedo olvidarme de la crisis de la deuda del 82, el efecto tequila del 95, la caída de los tigres asiáticos en el 98, la recesión japonesa por más de 10 años, las crisis inmobiliarias en el lejano oriente y todas las que vinieron después.
En fin,
Es muy factible que me queden muchas historias pendientes para la Argentina, sobre la devolución de los ahorros en dólares, los bonos, el 1,40, las cacerolas, las famosas frases “Los dineros serán devueltos en la moneda en que fueron hechos – Eduardo Duhalde 2002”, o “El que apuesta al dólar pierde – Lorenzo Sigaut 1981”, y tantas otras.
Corolario
Hemos vivido y viviremos en crisis, porque la crisis forma parte de nuestro ser. El mundo las genera a través de su actividad económica y financiera producto de la generación del pensamiento, los procesos, la incorporación de tecnologías, las visiones, las modas, las ideas, las culturas, las costumbres, la comunicación, la interdependencia, etc, etc. Lo ha hecho a lo largo de la historia y de hecho, la actual no parece ser la última.

¿Qué haremos entonces ante semejante escenario?
Alguna vez alguien dijo que existen cuatro tipos de países en el mundo: Los desarrollados, los subdesarrollados, Japón y Argentina.
Lo de Japón es inexplicable porque siendo una isla superpoblada y sin recursos naturales, logró alcanzar un alto grado de desarrollo, algo teórica y técnicamente casi imposible. En el extremo opuesto se encuentra la también “inexplicable Argentina”, que siendo un país extenso, rico en recursos naturales y con un nivel normal de población haya descendido en materia de desarrollo económico a través de los años.

Desde finales del siglo XIX hasta la segunda década del siglo XX, millones de europeos, mayoritariamente españoles e italianos, emigraron masivamente a la Argentina y con esfuerzo y trabajo lograron que en la década del 30, Argentina fuera el séptimo país mundial en Renta Per Cápita, posicionándose en términos relativos de riqueza como un país envidiable tras la II Guerra Mundial, que dejaba una Europa devastada por el conflicto bélico.

¿Qué nos ocurrió después?
La respuesta es simple y compleja a la vez.

Dejamos de ser protagonistas para encontrar en las excusas más intrincadas e imaginativas, nuestra propia incapacidad de seguir adelante en la senda del liderazgo. Nos hemos conformado con echarles las culpas a otros sobre lo que nos pasó, actuando sobre los efectos y no sobre las causas.

¿Porque los otros pueden y nosotros no?

Porque nos hemos acostumbrado a “atar con alambre” los efectos de las crisis en vez de ver el enorme potencial que hay detrás de ellas, quizás será por eso que cuando nos favorece la macroeconomía mundial y los precios de los commodities, nos “creamos una interna con los sectores rurales” para seguir en la misma sintonía.


¿Cuál es la respuesta entonces?
Debemos prepararnos para trabajar sobre las crisis, tomando la responsabilidad de conducir nuestros destinos. Ha llegado la hora de ser nosotros mismos y dejar de buscar culpables imaginarios, y demostrar que somos capaces de superarnos.

Ya sabemos que las crisis forman parte de nuestro ser, son en mi humilde opinión, la esencia natural del crecimiento, por ello, es a partir de aprender a manejarnos en ellas, donde encontraremos nuestras fuerzas motivadoras y creadoras para enfrentarlas con racionalidad y sacarles provecho.

¿Qué ocurrirá cuando dejemos parte del mercado a la competencia producto de nuestro temor?, ¿Qué caso tiene esperar la vuelta de la estabilidad cuando ya nada será igual que antes?, ¿Dónde encontraremos nuestra ventaja competitiva si nos alejamos de nuestra posición?

Alguna vez Peter Drucker dijo:” Sólo sabemos dos cosas con respecto al futuro: no puede ser conocido y será diferente de lo que conocemos ahora y de lo que esperamos ahora”.

Los clientes necesitan de asesoramiento, del crédito, del cuidado, del trabajo conjunto. Cuando esta niebla se haya disipado, serán ellos los que vuelvan a creer con más fuerza en nosotros por haberlos apoyado y acompañado en una situación inestable.

Es el tiempo de poner en marcha los mecanismos, procesos y actividades que nos permitan manejar el cambio y aprovechar esta oportunidad. En este sentido, la capacitación, es la materia prima imprescindible para lograrlo con el mejor rédito posible.



Lic. Claudio M. Pizzi

EJEMPLOS DEL LIDERAZGO POLITICO COMO INSUMO PARA EL APRENDIZAJE ORGANIZACIONAL

Las viejas naciones del “pacto de Varsovia”, dirigían sus economías con ministerios controlados desde la cima, esas naciones, habían quedado rezagadas en varios frentes entre los que podemos contar a la riqueza y la felicidad de las comunidades humanas.

Cuando el poder monopolístico del partido reinante de aquellos países, libera al poder empresarial, aparece el crecimiento económico. Entonces, la pregunta a responder es la siguiente: ¿el nivel de crecimiento explosivo de la productividad y de la innovación, puede estar al servicio de los líderes de las empresas y organizaciones para crear instituciones, que liberen las energías empresariales de su gente?

Parece ser que el mercado libre es una institución indispensable para crear la productividad y la prosperidad, por encima de los defectos de formación y asimetrías que deben corregirse. Las instituciones del mercado proporcionan una retroinformación y un control más exacto de lo que cualquier líder podría esperar proporcionar en forma directa.

Utilizando instituciones que creen sistemas auto organizados, la tarea del líder se suscribiría a la”motivación indirecta”, que es la de inspirar a los seguidores a encontrar modos más eficaces para servir a la comunidad o a los grupos.

Una de las cuestiones del liderazgo tiene que ver con la forma, la cual puede definirse como directa o indirecta. Cuando hablamos de órdenes, toma de decisiones sobre recursos, manejo de ascensos, orientación y dirección de personas y equipos, estamos hablando del liderazgo del tipo directo. Cuando las posibilidades de tomar contacto con las personas, se hace cada vez más difícil por la lejanía y las formas estructurales que va tomando la organización a medida que crece y se expande, hablamos del indirecto.

El liderazgo indirecto trabaja a través de la comunicación, la visión, los valores organizacionales, y el ejemplo personal, entre otras cosas.


En los principios de la historia, se concebía al líder como un ser superior al resto de los miembros del grupo, dotado de atributos especiales. Era el individuo que demostraba su superioridad ante la comunidad quien se convertía en su líder.

La visión que tienen en general los trabajadores de sus jefes, es que estos, ordenan, mandan, deciden, dicen lo que se debe hacer, imponen criterios, distribuyen el trabajo, controlan y supervisan las tareas.

Durante un tiempo, al liderazgo se lo concibió como una cualidad personal, dejando de lado la función dentro de la organización.

Incluso, Mc Gregor, realizó estudios sobre la conducta, y expuso la teoría X e Y.El sostenía que la X lleva a un desempeño autocrático del líder, y la Y a otro participativo. Posteriormente se entendió que se trabajaba con un enfoque unidimensional (una sola variable), del uso de la autoridad por parte de quien conduce, lo que simplifica la complejidad del tema en cuestión.

Durante los años 2003 al 2006, la Argentina vivió un nuevo período de reconstrucción, en donde la crisis (1999 -2002), parecía necesitar de un líder de comando, del”poder monopolístico de la cima”.
En ocasiones, la gente suele ver en los líderes, la firmeza que hace falta para responder ante la adversidad, lo que significa darle crédito al desempeño autocrático, y observar solo las cualidades personales por sobre las organizacionales, con el consiguiente grado de influencia sobre el proceso de la delegación. Cuando todo es caos y confusión, la sociedad, por lo menos la nuestra, suele reconocer en un “dirigente”, a la persona capaz de mostrar el camino y ser lo suficientemente inflexible como para no apartarse de él.

Los argentinos reconocimos en los gobiernos pasados, un estilo de liderazgo que aplicaba perfectamente a las circunstancias vividas, las cuales pueden resumirse en una frase, “se necesitaba un piloto de tormenta”, y entonces, estos aparecieron e hicieron su trabajo.

A medida que los ciclos se cumplen, las prioridades van cambiando al igual que los grupos y las personas. La lógica Aristotélica, planteaba un principio de identidad: A es A – en cualquier circunstancia, en el espacio y el tiempo, lo que quiere decir que una cosa es idéntica a sí misma.
Este principio fue refutado dado que las personas (“A” no es “A”), no siempre pueden ser las mismas a pesar de serlo, porque cambian los supuestos y el contexto. Cualquier individuo que toma un avión por ejemplo, puede hacerlo relajado y mostrarse amable y sonriente, pero si el vuelo se demora y no llega a destino en la forma prevista, éste puede cambiar en un instante y convertirse en intolerable e irascible. Las respuestas que suelen dar las compañías cuando estos inconvenientes ocurren, no suelen servirle a dicha persona, pues ella ya no es la misma aunque su documento de identidad así lo indique.

De igual forma, un nuevo período para la Argentina ha comenzado, y la tormenta pasó, y llegó la “calma”, pero parece ser que los pilotos no cambian, y necesitan crear tormentas nuevas para poder conducir el proceso.

El viejo liderazgo no escucho activamente lo que la sociedad reclamaba y reclama. Con la mejora, se producen los cambios de postulados, y ese grupo que ayer necesitaba de autocracia en la ejecución de las tareas de gobierno, hoy pide un cambio de estilo, y en definitiva, aceptará o no al nuevo liderazgo si este, en definitiva, es capaz de representar lo que la misma sociedad ahora quiere, un liderazgo organizacional.
El líder, es un referente del grupo, o la comunidad, cuando deja de representarlo/a, en definitiva deja de serlo.

En este nuevo orden, las palabras rigidez, dirección y verticalidad, deben cederle el paso a “consenso, dialogo y autogestión”, es un tiempo en donde el Pacto de Varsovia como metodología de gobierno ha perimido. La Argentina necesita un liderazgo que sinergice a los distintos sectores de la producción, y para ello, un nuevo estilo debe renacer, el liderazgo de servicio, que es aquel que vela por las necesidades del hacedor, del que trabaja y genera la riqueza, de los sectores involucrados.





Estas experiencias pueden aplicarse a las organizaciones a través de una correcta analogía. En la era de la comunicación, de los sistemas de información y de las relaciones humanas, las estructuras rígidas suelen no aprovechar toda la fuerza que deriva del poder creador de las personas, por ello, el liderazgo debe amoldarse a las nuevas necesidades.

Es importante entender las cuestiones vinculadas con el caos, que no es propiedad de la Argentina, o de las empresas Argentinas. Los sistemas son caóticos en sí mismos, y si definitivamente lo asumimos como tal, podremos dialogar, trabajar y construir en ellos. Vivimos en el caos y debemos aprender de él, debemos aprender a convivir con él y a manejarnos, porque el mundo sencillamente es dinámico, no lineal y complejo, porque así somos los seres humanos que casualmente poblamos este, nuestro planeta.

La Argentina y sus procesos traumáticos nos enseñan día a día sobre el valor de la gestión y el liderazgo, y el alto costo del auto aprendizaje que solemos pagar, debe servirnos para superarnos día a día en esta materia que es central para la evolución y el sostenimiento de las empresas y nuestras comunidades.



Lic. Claudio M. Pizzi